ARCHIVO CRISIS EUROPEA: Bélgica-Holanda: el agarrón financiero

Posted on 15 agosto, 2012

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BRUSELAS (apro).– Los mandatarios de los 27 países socios de la Unión Europea (UE) concluyeron, el pasado 16 de octubre, que necesitaban “coordinarse y colaborar estrechamente” para enfrentar la crisis financiera internacional, pero el gobierno holandés aprovechó esa coyuntura para recuperar el banco ABN Amro, cuando la mayor institución bancaria de Bélgica, Fortis Bank, que lo había adquirido, estaba al borde de la quiebra.

(Artículo publicado el 24 de julio de 2009 en la sección Prisma Internacional de la Agencia PROCESO)

El 10 de octubre de 2007, Fortis Bank Bélgica ganó el concurso de compra de ABN Amro, con un ofrecimiento de 24 mil millones de euros, operación que dejó una profunda herida al orgullo holandés.

Sin embrago, una vez que la crisis financiera obligó al gobierno belga a nacionalizar Fortis Bank y luego ofrecerlo en venta para evitar su bancarrota, el gobierno holandés de Jan-Peter Balkenende consiguió no sólo recobrar ABN Amro, sino también apropiarse de la división holandesa de Fortis Bank y Fortis Aseguradora. El costo: 16 mil 800 millones de euros.

Posteriormente, Fortis Bank Bélgica fue adquirido por el grupo francés BNP Paribas.

El libro Bancarrota: cómo Fortis sacudió a Bélgica, de los periodistas Martine Maelschalck, Marc Lambrechts y Michaël Sephina, narra a detalle –entre otros capítulos de los últimos cinco años de la historia de Fortis– los episodios más significativos de las pujas entre holandeses y belgas en torno de ese banco.

Dicha investigación periodística, publicada en junio pasado como un proyecto conjunto de los diarios económicos belgas L’Echo y De Tijd, contó con los testimonios de aproximadamente 30 personas que tuvieron acceso a reuniones cerradas e información privilegiada, algunas de las cuales fueron actores en las negociaciones.

De esa forma, el libro revela la evidente contradicción que existía entre el discurso de unión de los dirigentes europeos en esa época y lo que ocurría en la realidad.

Una prueba: al mediodía del 26 de septiembre de 2008, apenas 11 días después de la espectacular quiebra del banco de negocios estadunidense Lehman Brothers, los bancos centrales de Rusia, Bahrein o Singapur, pero también los de Estados miembros de la UE como Grecia y Francia –país que ostentaba entonces la presidencia de ese bloque regional– comenzaron a retirar masivamente sus depósitos de Fortis Bank, sin coordinación previa con las autoridades belgas, lo que ayudó a hundir más a dicho organismo bancario.

 Acuerdo roto
 
Las autoridades belgas proporcionaban información general a las holandesas acerca del proceso de capitalización de Fortis y de sus potenciales compradores, pero no las invitaba formalmente a las negociaciones: las operaciones en Holanda de Fortis y ABN Amro eran reguladas desde Bélgica a través de su Comisión Bancaria, Financiera y de Aseguradoras.

Inconforme con ese papel secundario, el domingo 28 de septiembre de 2008 el gobierno holandés envió a Bruselas, por iniciativa propia, una delegación de altos funcionarios. Estos se instalaron en un hotel y sólo esperaban a que las autoridades belgas los llamaran.

Al mediodía, Bernard ter Haar, el director de mercados financieros del ministerio holandés de Finanzas y jefe de la delegación, llamó desde el hotel a un contacto suyo en Fortis Bank Bélgica, quien le informó que los gobiernos de Bélgica y Luxemburgo preparaban una inyección de capital para salvar al banco, que tenía operaciones en esos dos países y Holanda.

El funcionario holandés llamó entonces a otro contacto suyo en Fortis Bank Luxemburgo y le pidió transmitirle a las autoridades belgas el siguiente mensaje: “si un plan de salvamento es examinado, en el que Holanda pueda jugar un rol, lo mínimo que pueden hacer es avisarnos”. Pero la tan esperada llamada de los belgas no llegó.

Harto de esperar, ter Haar se comunicó con su superior, el ministro de Finanzas, Wouter Bos, y le demandó que hablara directamente con su homólogo belga, Didier Reynders. “Nos enteramos que están en una operación de recapitalización de Fortis –espetó Bos–; no estamos complacidos, queremos participar”.

Un acuerdo fue anunciado a las 11:30 de la noche de ese mismo día: los gobiernos de Bélgica y Luxemburgo inyectarían, respectivamente, 4 mil 700 millones de euros y 2 mil 500 millones de euros por la adquisición de 499% de su correspondiente división nacional de Fortis Bank.

Holanda, que en principio ofreció un máximo de 3 mil millones de euros, pagó finalmente 4 mil millones por el mismo porcentaje de Fortis Bank Holanda, y obtuvo para ING –un banco holandés– una exclusividad de dos semanas para decidirse a retomar ABN Amro por un monto mínimo de 10 mil millones de euros, una opción que finalmente no tomó forma.

Pero ese acuerdo de emergencia no fue inmediatamente firmado por escrito.

El martes 30 de septiembre, el holandés Jean-Michiel Hessels, presidente del Consejo de Fortis, llamó a ter Haar a su oficina de La Haya. Le preguntó si sabía que los activos del negocio de seguros de Fortis (Fortis Aseguradora), incluyendo los activos en Holanda, habían sido dados en garantía al Estado belga a través de un acuerdo con la Sociedad Federal de Participaciones y de Inversiones (SFPI) de ese país.

Ter Haar desconocía esa garantía. Hessels explicó que el día anterior por la mañana el secretario de la SFPI, Kristof Macours, le solicitó firmar “rápidamente” un documento que permitiría al notario elaborar el acto jurídico necesario para la inyección de capital en Fortis Bank Bélgica. Lo hizo, pero se percató de que ese documento de unas 20 páginas no había sido rubricado por el responsable del servicio jurídico de Fortis.

Leyendo el documento con calma, Hessels advirtió tal garantía, la cual nunca fue mencionada durante las negociaciones que tuvieron lugar dos días antes. Bajo su punto de vista, ésta era ilegal porque no había sido aprobada ni por el Consejo de Administración de Fortis ni por los órganos reguladores de Bélgica y Holanda.

Más aún: el propio responsable de la división seguros de Fortis, Peer van Harten, comentó sorprendido a Hessels que no estaba al tanto de esa garantía.

Furioso, ter Haar le pidió explicaciones a Luc Coene, el presidente del Banco Nacional de Bélgica, quien le contestó que desconocía el tema. Filip Dierckx, el presidente del Comité de Dirección de Fortis, tampoco estaba al corriente, aunque después de informarse le confirmó que esa garantía servía para cubrir los riesgos ligados al portafolio de “créditos tóxicos” de Fortis Bank Bélgica, y que no se podía anular.

Ante ello, el gobierno holandés decidió aplazar su parte de capitalización de Fortis. Un día antes, en el Parlamento nacional, Balkenende había sido fuertemente criticado por no alcanzar la propiedad de ABN Amro en el acuerdo con los belgas. Además, al día siguiente, expertos del banco alemán Deutsche Bank tenían cita en Fortis para revisar la información contable de ABN Amro y avanzar en su posible adquisición.

El miércoles 1 de octubre por la tarde, ter Haar llegó a Bruselas con una misión: renegociar el acuerdo del 28 de septiembre. De no lograrlo, amenazó el enviado a las autoridades belgas, el Estado holandés retomaría todas las actividades de Fortis en ese país.

“Oferta ridícula”
 
Eran las 3 de la madrugada del viernes 3 de octubre de 2008. Las negociaciones entre belgas y holandeses no habían parado desde la mañana del día anterior, pero en ese momento estaban prácticamente bloqueadas. Solicitado de urgencia, Balkenende aterrizó la noche del jueves en el aeropuerto internacional de Bruselas.

“Mañana, Fortis la va a pasar muy mal”, advirtió Bos al entonces primer ministro de Bélgica, Yves Leterme.

Molesto, Dierckx acababa de dejar la sala de reunión a petición de Bos: “Las discusiones”, argumentó éste, “serán más rápidas sin Fortis”.

“Está en curso una fuga de depósitos –señaló Bos a sus interlocutores belgas–, vamos a tener que suspender la acción. Para nosotros no hay más que una solución posible: nacionalizar todas las actividades holandesas del grupo. Estamos listos para pagar 12 mil millones de euros”.

“Ese precio es inaceptable. Es demasiado bajo”, respondió con firmeza Reynders.

“La situación del banco –replicó ter Haar– se ha deteriorado considerablemente en la última semana. Muchos depósitos han sido retirados”.

Nout Wellink, el presidente del Banco Central Holandés, amenazó: “Si no hay acuerdo esta noche, deberé poner a Fortis Bank Holanda y ABN Amro bajo tutela (del Estado holandés)”.

“Ustedes nos dicen desde hace varios días que Fortis va a quebrar”, reviró Coene. “Pasamos ya el jueves y pueden ver que Fortis no ha quebrado”, agregó. “Eso no pasará tampoco mañana. No hay ninguna razón para poner a Fortis bajo tutela en Holanda”.

“Si no llegamos a un acuerdo”, dijo Balkenende, “Fortis no valdrá nada mañana”.

Las negociaciones se suspendieron y fueron retomadas a las 4:30 de la mañana. Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, se unió a la mesa de discusiones. Prendió un cigarro, lo cual irritó a los presentes, pero nadie se atrevió a hacerle algún señalamiento.

El lado belga comunicó a los holandeses que estaban dispuestos a negociar por 24 mil millones de euros. “¡No!”, exclamó Balkenende. “No, es no”, secundó Wellink. “Si es así, no tenemos nada qué hacer aquí”, afirmó el primer ministro holandés.

Lo que siguió fue un largo silencio, que Bos rompió: “Mañana no habrá banco”. Balkenende remató: “Su oferta es ridícula”.

“¡Sus 12 mil millones son los ridículos!”, estalló el ministro de finanzas belga. Los holandeses, extrañados por la reacción de Reynders, decidieron retirarse a reevaluar la situación.

A las 5:30 se reanudaron las negociaciones. Coene les anunció que llegarían a un acuerdo si ofrecían 18 mil millones de euros. “Tenemos ofertas para ABN Amro que son mucho más importantes que las suyas”, apuntó Peter Praet, miembro de la Comisión Bancaria, Financiera y de Aseguradoras de Bélgica, quien había llegado apenas.

“Escucha, Jean-Peter –intervino Leterme–, por menos de 15 mil millones de euros no es posible para nosotros aceptar. Por menos, no habrá acuerdo”. Coene reiteró que 18 mil millones de euros era “lo ideal”. “Pero sin solución, mañana no hay banco”, recalcó ter Haar.

Coene contraatacó: “Ustedes están intentando simplemente resolver sus problemas sobre nuestra espalda”. Enojado, Bos le respondió: “¿Por qué crees entonces que estamos aquí? El sistema financiero está amenazado. El dinero está escapando del banco. Jamás había visto esto en toda mi carrera”.

Leterme y Balkenende se separaron del grupo. A las seis de la mañana el sol comenzó a salir en Bruselas. “Pase lo que pase, guardemos la amistad”, se dijeron uno al otro. Media hora después llegaron a un acuerdo: el Estado holandés se quedaba con las operaciones en ese país de Fortis Aseguradora, Fortis Bank y ABN Amro por un monto de 16 mil 800 millones de euros.

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