ARCHIVO EUROPEO: Bélgica, país en riesgo

Posted on 10 mayo, 2012

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Bélgica –país sede de las instituciones de la Unión Europea– cumple esta semana un año sin gobierno debido a diferencias entre los partidos de las regiones de Flandes y de Valonia. En el fondo lo que está en juego es la existencia misma de esta nación, pues el político más influyente, Bart De Wever, líder de Nueva Alianza Flamenca y considerado como un “nacionalista moderno”, ha dicho que su objetivo “es que Bélgica desaparezca sin que nadie se dé cuenta”.

(Artículo publicado en la edición del 12 de Junio de 2011 de la revista PROCESO)

BRUSELAS (Proceso).-  A un año de las elecciones del 13 de junio de 2010, los partidos políticos belgas no han podido conformar un gobierno federal, lo que ha generado una de las más profundas crisis políticas en el país que, paradójicamente, alberga a las instituciones de la Unión Europea (UE).

El pasado 17 de febrero este país pionero de la integración europea se convirtió en la segunda nación del mundo que más tiempo ha durado sin un gobierno fijo, récord antes ostentado por Irak con 249 días tras la invasión estadunidense. Este lunes 13 Bélgica habrá alcanzado la marca de Camboya, que duró un año sin gobierno entre julio de 2003 y julio de 2004.

El pasado 26 de abril, el propio presidente de la UE, el exprimer ministro belga Herman Van Rompuy, calificó la actual situación política en su país como “patética y extremadamente lamentable”.

Desde el 16 de mayo último el presidente del Partido Socialista francófono, Elio Di Rupo, intenta negociar un gobierno con los partidos flamencos. Ese mismo día el periódico Le Soir estimó que se trata de “una misión casi imposible”.

El partido nacionalista de derecha, Nueva Alianza Flamenca (NVA, por sus siglas en neerlandés), ganó las elecciones en la región norte de Bélgica. En Valonia, la región sur, venció el Partido Socialista. Desde entonces Bélgica opera con un gobierno saliente que dirige Yves Leterme.

En el centro del vendaval político se encuentra el historiador flamenco Bart De Wever, un cuarentón de aspecto bonachón, rostro infantil, humor cínico y espíritu provocador.

“Mi objetivo –prometió durante su campaña electoral– es que Bélgica desaparezca sin que nadie se dé cuenta. Flandes y Valonia son dos Estados que ya funcionan cada uno con su Parlamento y su gobierno. En Bruselas, el primer ministro no preside más que una vana conferencia diplomática. Solo hay que dejar evolucionar el proceso (de escisión del país) hasta su término.”

A De Wever lo caracteriza su tendencia a confrontarse con la población belga de habla francesa: cuando lo entrevistan corrige la forma de hablar francés de los periodistas francófonos belgas; acusa a sus compatriotas valones de ocultar su historia nazi, o en un importante centro de debate en Valonia le reprocha a su población que lo considere una especie de “Milosevic flamenco”.

De acuerdo con Dave Sinardet, reconocido politólogo de la Universidad de Amberes, De Wever es un “nacionalista moderno”.

“Como historiador –explicó el académico al periódico belga Le Soir– conoce la importancia de los símbolos patrios, como el león flamenco. Pero su discurso, con el que ganó las elecciones, es más pragmático. Durante su campaña insistió en el hecho de que el Estado belga ya no funciona de manera eficaz y que las reformas son indispensables por el bien de todos.”

El 6 de marzo pasado, el exprimer ministro belga Guy Verhofstadt mostró su inquietud por lo que calificó como “esquizofrénica” la situación que vive Bélgica: “¿Cómo negociar un gobierno central belga con líderes políticos que propugnan una separación del país?”, se preguntó.

A mediados de abril, el exprimer ministro Marc Eynskens se refirió a De Wever como un “demagogo” que vende “baratijas nacionalistas”, y al igual que Wilfried Maertens –otro exprimer ministro belga-flamenco– advirtió que sólo era posible destrabar las negociaciones marginando a la NVA, lo que de inmediato rechazaron los partidos flamencos.

Una parte de la sociedad civil belga se ha movilizado masivamente en dos ocasiones. En la última, alrededor de 30 mil personas se manifestaron en Bruselas el 23 de enero pasado para exigir un rápido acuerdo de gobierno y que Bélgica permanezca unida.

Un manifiesto que circuló ese día decía: “Van más de 200 días que no tenemos gobierno y que observamos el ir y venir de presidentes de partido, notas a la atención del rey, renuncias de conciliadores (negociadores) y más. Deseamos manifestar nuestra inquietud e insatisfacción ante lo que parece un carrusel político donde la causa del más necio, del más intransigente, será la que gane”.

Proyección

El ascenso político de De Wever ha sido meteórico. En octubre de 2001, él y otros nacionalistas de derecha fundaron la NVA a partir de la disolución de Unión Popular (Volksunie), un partido creado en 1954 para alcanzar la independencia de Flandes y que formó parte de varios gobiernos federales.

La NVA participó en las elecciones legislativas federales del 18 de mayo de 2003. De Wever fue el primer candidato de Amberes. Los resultados fueron desastrosos para él y su partido, que obtuvo 200 mil votos de un total de 7 millones y sólo una de las 150 curules de la Cámara de Representantes.

La NVA corría el riesgo de desaparecer al no alcanzar el mínimo de votos en la siguiente elección. De Wever abogó entonces por un pacto electoral con un gran partido, el Demócrata Cristiano Flamenco (CD&V, por sus siglas en neerlandés).

La situación del partido dio un giro total. La coalición venció de manera sorprendente en las elecciones del 13 de junio de 2004 al obtener 26% de los votos en Flandes, y se convirtió en la primera fuerza política de la región. De Wever fue electo presidente de NVA. Alcanzó una nueva victoria en las elecciones comunales y provinciales del 8 de octubre de 2006, cuando la coalición acaparó 31.7% de los sufragios.

“El establecimiento de esa coalición fue el origen del éxito de la NVA, ya que De Wever ganó mucha visibilidad. Fue la expresión de un vuelco sin precedentes en Flandes hacia un conservadurismo nacionalista”, apunta Sinardet.

Tras las elecciones federales del 10 de junio de 2007, De Wever ganó una diputación de las 30 que obtuvo la coalición y participó en las negociaciones para formar un nuevo gobierno.

Desde entonces se reveló como un intransigente y contribuyó a desatar una crisis política que se prolongó 192 días. Para que una reforma de Estado avance, planteó, es necesario otorgarle más autonomía a la región flamenca; asimismo, insistió en que debe discutirse a profundidad la devolución del distrito judicial y electoral de Bruselas-Hal-Vilvorde a dicha región.

En septiembre de 2008 De Wever se retiró de las negociaciones y rompió la coalición con CD&V. Meses después su intransigencia rindió frutos: la NVA venció en las elecciones regionales del 11 de junio de 2009 y conformó un gobierno flamenco con sus antiguos socios democratacristianos. El siguiente paso fue su encumbramiento a nivel federal, que no hubiera logrado sin el apoyo de los medios de comunicación.

Telepolítica

El 6 de enero de 2005, De Wever realizó una operación mediática que consistió en viajar desde Flandes a la provincia valona de Hainut con 12 camiones repletos de falsos billetes de 50 euros.

Vació su “cargamento” a un costado del ascensor de barcos de Strépy-Thieu, un complejo sistema de interconexión de canales del que se sienten muy orgullosos los belgas valones, pero que los flamencos ven inútil dado que el tráfico naviero se desplomó junto con la industria metalúrgica regional.

Con esa acción se ganó fama de extremista. Él mismo reconoció más tarde que se había comportado de manera “muy radical y no muy fina”.

En 2009 la Televisión y Radio Flamenca (Vlaamse Radio-en Televisieomroep o VRT) lo invitó a participar en el programa de concursos El hombre más listo del mundo. En ese programa los concursantes demostraban sus conocimientos de cultura general; desde 2003 que se estrenó, hasta la última edición de este año, fue la emisión de mayor audiencia en su tipo.

De Wever se volvió una estrella. De lunes a jueves por la noche casi un tercio de la población flamenca (2 millones de teles-pectadores en promedio) presenció una tras otra las victorias del político, quien llegó a la final.

No ganó porque ignoraba que el antiguo presidente del gobierno valón, el socialista Guy Spitaels, era apodado “Dios”, pero su personalidad franca y estilo desenfadado cautivaron a la audiencia flamenca.

“En Bélgica uno se vuelve popular cuando pierde, no cuando gana”, suele ironizar De Wever sobre este capítulo de su vida política, que lo llevó a ser designado por la VRT El hombre de 2009, aun por encima del rey del pop Michael Jackson, quien había muerto el 25 de junio de ese mismo año.

De Wever participó en la edición 2010 del concurso y calificó otra vez para la final, pero decidió no presentarse para dedicarse por completo a las negociaciones del nuevo gobierno, según explicó.

En uno de los programas, grabado el pasado 30 de diciembre, el nacionalista flamenco se enfrentó a Eva Brems, una diputada del Partido Verde de Flandes (Groen!), quien fuera presidenta de la sección local de Amnistía Internacional.

Aunque ella tomó la ventaja, De Wever remontó y cambió el juego a su favor al responder sin errores los nombres de varias prácticas de tortura. Sorprendido, el presentador le preguntó de dónde venía su conocimiento en la materia. Mordaz, el político contestó que lo había entrenado Le Soir, un diario francófono que suele criticarlo. Su respuesta causó hilaridad entre el público.

Nazismo

Bart De Wever proviene de una familia que simpatizó con el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Su abuelo, director de una escuela primaria, fue miembro de la Unión Nacional Flamenca (VNV, por sus siglas en neerlandés), un partido antisemita que colaboró con el gobierno militar instaurado por Hitler tras la invasión del país en 1940 y que abogaba por la unión de Flandes con Holanda.

Al término de la guerra el VNV fue ilegalizado, y el abuelo de De Wever encarcelado. Después de su liberación, jamás pudo regresar al magisterio y la familia quedó arruinada y estigmatizada socialmente.

El político admitió que su familiar perteneció a la VNV, pero matizó: “Él jamás realizó actos de colaboración con los nazis”.

El padre de De Wever sólo tenía 10 años cuando iba a visitar a su progenitor a la cárcel. Se convirtió en un nacionalista comprometido y se involucró muy activamente con el partido Unión Popular.

De esa agrupación se escindió en 1977 el grupo de militantes que daría origen al actual partido de extrema derecha Interés Flamenco (Vlaams Belang).

El propio De Wever ha comentado que su padre le tramitó desde muy pequeño una credencial de adhesión a la Unión Popular, y que a los tres años lo llevó a su primera manifestación que pedía la devolución a Flandes del distrito judicial y electoral Bruselas-Hal-Vilvorde, una reivindicación aún vigente por parte del nacionalismo flamenco.

“Yo escucho el himno nacional de Flandes, no el de Bélgica: así me educó mi padre”, dijo en una ocasión De Wever, quien siempre ha negado tener vínculos ideológicos con la extrema derecha.

Sin embargo, hay muchas dudas al respecto. En su juventud fue integrante de la Unión de Estudiantes Católicos Flamencos, una agrupación extremista que de vez en cuando organiza marchas por la independencia de Flandes en las que suelen aparecen consignas del tipo “Los francófonos son ratas” o “Muera Bélgica”.

En 2005 Interés Flamenco comenzó a circular en internet una fotografía de 1996 en la que se ve a un De Wever joven –de unos 26 años, delgado, corte de pelo estilo militar y portando traje y corbata– en compañía de un sonriente Jean-Marie Le Pen, entonces presidente del ultraderechista Frente Nacional francés y quien ha negado públicamente el Holocausto.

La instantánea fue tomada al final de una conferencia organizada en Amberes por el Club de Debate Nacional Flamenco, un círculo de reflexión ideológica creado en 1980.

Según el Observatorio Belga de la Extrema Derecha, el comité directivo de tal asociación lo integraban miembros de Interés Flamenco y del desaparecido centro de estudios Were Di, que instituyeron antiguos nazis y Karel Dillen, presidente fundador de Interés Flamenco.

De Wever ha dicho que en esa época él estaba finalizando sus estudios de historiador y pensó “que era una ocasión única de poder escuchar a Le Pen, un personaje de peso en la política gala. Soy un legalista, con convicciones democráticas, pero tengo una concepción anglosajona de la libertad de expresión: en una democracia, todo mundo debe ser libre de poder expresar su opinión, incluso si es una opinión que yo detesto”.

Según información del observatorio belga, De Wever volvió a encontrarse con Le Pen durante el entierro de Dillen en Amberes, el 5 de mayo de 2007, donde se reunió la crema y nata del ultraderechismo belga.

El pasado 12 de febrero, De Wever asistió a los funerales –en la catedral de Amberes– de Marie-Rose Morel, una figura emblemática de Interés Flamenco y quien fuera su compañera en la universidad, así como en Nueva Alianza Flamenca.

Flanders Today, publicación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Flandes, reseña que el presidente de la NVA ofreció un “muy emotivo elogio” de Morel, así como una “disculpa por las cosas feas” que había dicho de ella.

Otro gesto suyo causó una fuerte polémica. En octubre de 2007, De Wever calificó de “gratuitas” las disculpas que acababa de presentar a la comunidad judía el alcalde socialista de Amberes, Patrick Janssens, por la colaboración que había prestado al régimen nazi la administración de la ciudad en la localización y deportación de judíos.

Tras la cascada de críticas que le llovieron del mundo político e intelectual, De Wever se disculpó ante la comunidad judía. En una carta abierta aclaró que no tomó en cuenta que “la comunicación política no soportaba los matices de los que se nutre la comunicación científica”, dijo, que él practica.

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