RECIÉN PUBLICADO: Europa, conflictos de intereses

Posted on 31 marzo, 2012

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BRUSELAS (apro).- Jacqueline McGlade, la directora ejecutiva de la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés), utilizó 30 mil euros de fondos públicos para pagar “cursos de capacitación” de su personal en países soleados del Caribe y del Mediterráneo.

No sólo eso: la alta funcionaria gastó otros 300 mil euros provenientes del presupuesto oficial en la compra de plantas que sirvieron para decorar la fachada del edificio de esa institución de la Unión Europea (UE), localizado en Copenhague, Dinamarca.

(Artículo publicado el 30 de Marzo de 2012 en la sección Prisma Internacional de la Agencia PROCESO)

McGlade, una profesora de biología marina nacida en Inglaterra y con nacionalidad canadiense, ha provocado fuertes cuestionamientos por parte del Parlamento Europeo. El pasado 27 de marzo, los eurodiputados que conforman la comisión de control presupuestal de la UE congelaron la aprobación de las cuentas de la EEA correspondientes a 2010, cuando se realizaron los gastos bajo escrutinio.

Los eurodiputados acusan a McGlade, en el cargo desde 2003, de haber incurrido en un conflicto de intereses.

Resulta que los “cursos de capacitación” fueron efectuados a través de la organización no gubernamental EarthWatch, de cuyo Consejo Consultivo formaba parte McGlade. En una carta enviada al Parlamento Europeo, la EEA admite que desembolsó “33 mil 791 euros y 28 centavos por 29 sesiones separadas de capacitación para su personal y que fueron llevados a cabo en diferentes lugares”.

La EEA argumenta que los arreglos para tales cursos fueron iniciados antes de que su directora ejecutiva ocupara una posición en el Consejo Consultivo de EarthWatch. El caso es que McGlade decidió renunciar en 2011 al puesto en la ONG, pero sólo después de que la Corte de Auditores de la UE le advirtiera que existía “un potencial riesgo de conflicto de intereses”, según reconoció ante la prensa europea la propia jefa de comunicaciones de la EEA, Katja Rosenbohm.

La cercanía de McGlade con la ONG era conocida y de tiempo atrás. Por ejemplo, el número de abril de 2009 de la revista Oxfordshire Life reporta la participación de la funcionaria como oradora de honor en una conferencia anual que organiza en Oxford EarthWatch.

EarthWatch se define en su pagina de internet como “una comunidad de científicos, educadores, estudiantes y hombres de negocios que trabajan juntos para obtener el mayor beneficio de la investigación científica”. Cuenta con oficinas en Estados Unidos, Australia, Reino Unido y Japón, y colabora en proyectos con corporativos trasnacionales, como es el caso de su Programa de Asociación contra el Cambio Climático que tiene por objetivo concientizar y movilizar en ese campo a los 100 mil empleados del banco HSBC en todo el mundo.

La EEA justifica en la mencionada carta enviada al Parlamento Europeo, que los cursos financiados a través de EarthWatch “estaban en línea con las prioridades del programa de trabajo de la agencia: aumentar la atención en los asuntos medioambientales y desarrollar conocimiento en las áreas de investigación como parte de los planes del Año Internacional de la Biodiversidad”.

Fachada verde

El derroche en decoraciones naturales para el inmueble de la EEA en la capital danesa fue comunicado a un selecto grupo de eurodiputados por una persona anónima empleada dentro de la agencia.

El mensaje anónimo denunciaba que la llamada “Fachada verde” fue un proyecto concebido por la propia McGlade y que, para su construcción, solicitó expresamente el apoyo de los administradores de la institución. La jefa del Consejo de Administración –agregaba el informante– se opuso al proyecto y posteriormente fue apartada de su puesto por presuntos motivos de salud.

Ese correo electrónico explica que el presupuesto 2010 ya había sido autorizado por la institución, por lo que la única manera en que la directora ejecutiva obtuvo los recursos necesarios fue desviando fondos ya aprobados para propósitos científicos.

La citada portavoz del EEA, Katja Rosenbohm, admitió en una entrevista con el sitio de Internet Euobserver que había sido parcialmente destinado a la edificación de la también conocida como “Fachada viviente” el dinero de otras líneas presupuestarias. Rosenbohm incluso precisó que habían tenido que ser canalizados fondos de los presupuestos de comunicación y del área de gestión del inmueble.

La portavoz justificó así el despilfarro: “La fachada viviente presentó la densidad de la flora de Europa a través de la instalación de plantas de floración anual. Por un lado, el proyecto tuvo un objetivo de alcance público y tuvimos más de 18 mil entradas a nuestra página web; por otro, queríamos explorar con nuestro propio inmueble un enfoque medioambiental y demostrar lo que tal fachada viviente puede aportar a nuestro espacio de vida”.

Celebró que fuera “un proyecto muy creativo” y que se realizara en un periodo muy corto de tiempo, aunque confesó que el proyecto de la profesora McGlade, que duró un año, absorbió un tercio del presupuesto del Departamento de Comunicaciones de la EEA.

Fuente de corrupción

En su sesión del 27 de marzo, el Comité de Control Presupuestal del Parlamento Europeo decidió suspender el procedimiento de revisión de las cuentas de tres agencias de la UE, además de la EEA, la Agencia Europea de Medicamentos y la Autoridad Europea de Seguridad Alimenticia (EMA y EFSA, respectivamente, por sus siglas en inglés).

Los eurolegisladores sospechan que sus directivos mantienen relaciones estrechas con las empresas de los sectores económicos que, precisamente, deben regular y vigilar.

Las agencias cuentan con tres meses para presentar de manera detallada las fichas curriculares tanto de su personal de planta como de los expertos que se consultan.

El 29 de febrero pasado, la eurodiputada Monica Macovei presentó un reporte, del que fue ponente, que evalúa la forma en que efectúan sus gastos las 24 agencias independientes con que cuenta la UE, así como su comportamiento ético.

La mayoría de esas agencias, creadas por los Estados miembros de la UE, fueron creadas en la última década: sus misiones son tan delicadas como garantizar la seguridad de los químicos que se venden en el territorio europeo o salvaguardar la calidad de los alimentos o las medicinas que consumen los ciudadanos.

Macovei, quien fue ministra de justicia de Rumania, señaló en una conferencia de prensa, el pasado 27 de marzo, que se sentía “satisfecha” de que el Parlamento Europeo “combatiera seriamente los conflictos de interés”, lo cual, alertó, “son la fuente de los actos de fraude y corrupción”; además, rechazó el argumento de las agencias en el sentido de que contratan o se acercan a especialistas de la industria porque es muy difícil encontrarlos fuera de ese ámbito.

El 10 de febrero pasado, la Comisión Europea nominó a Mella Frewen –presidenta del poderoso grupo de cabildeo de la industria del alimento y la bebida, FoodDrinkEurope, con base en Bruselas– para que sea una de las 14 candidatas a ocupar un puesto en el Consejo de dirección de la EFSA, ubicada en la ciudad italiana de Parma.

La Comisión Europea afirmó que el Consejo de Dirección trata los asuntos diarios del organismo y no tiene que ver con la aprobación de productos, de lo que se encargan los “paneles científicos compuestos por expertos independientes”.

Los argumentos de la directora de comunicaciones de FoodDrinkEurope, Lisa McCooey, son difíciles de asumir para los organismos a favor de la transparencia en la UE, como Corporate Europe Observatory.

McCooey asegura que Frewen, quien estudió ecología marina, está “personalmente interesada” en el puesto por su contenido “científico”. De hecho, Frewen podría ser el reemplazo en la EFSA de Mathias Horst, el director general de la Federación de la Industria Alemana de Alimentos y Bebidas.

Otro caso bajo evaluación es el que involucra a Thomas Lönngren, que fue director ejecutivo de la EMA desde 2000 hasta el pasado 31 de diciembre. Como lo reportó Apro en una nota publicada el pasado 30 de diciembre, Lönngren, de nacionalidad sueca, estableció su propia firma de consultoría, Pharma Executive Consulting Ltd., cuando todavía era el jefe de la EMA. Incluso instaló su negocio en el mismo edificio que alberga las oficinas centrales de la empresa NDA Regulatory Science Ltd., en la que ocupó un asiento en su Consejo de Administración.

La firma asegura en su página de Internet que nueve de cada 10 farmacéuticas emplea sus servicios para que realice el proceso de aprobación y regulación de sus medicamentos ante la EMA, cuya sede se localiza en Londres.

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