RECIÉN PUBLICADO: Retorno al autoritarismo

Posted on 18 marzo, 2012

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Desde que en 2010 el derechista Viktor Orbán llegó al poder en Hungría, su gobierno busca controlar a la prensa y conculcar las libertades políticas. Los medios de comunicación que no se pliegan a los nuevos dictados reciben fuertes ataques y se pretende doblegarlos mediante el retiro de la publicidad oficial. La manera en que el poder público pretende dominar todas las manifestaciones de la vida política húngara recuerda tiempos pasados en que el corporativismo estatal era omnipresente. “La democracia en Hungría se halla en grave peligro”, denuncia un líder opositor.

(Artículo publicado en la edición del 17 de Marzo de 2012 de la revista PROCESO)

BUDAPEST.- Para el responsable del programa de derechos políticos de la Unión Húngara por las Libertades Civiles (TASZ, por sus siglas en húngaro), Szabolcs Hegyi, la situación en su país es delicada…

“Estamos muy preocupados. Hay mucha incertidumbre en torno a las consecuencias que acarreará la nueva constitución. El gobierno de Viktor Orbán cooptó a todos los organismos independientes, eliminó los contrapesos institucionales de poder y lo hizo sin consultar con nadie”, dice en entrevista con Proceso.

De plano, asegura que en Hungría la democracia se halla en grave peligro desde que el derechista Orbán se convirtió en primer ministro, luego de la aplastante victoria de su partido, la Alianza de Jóvenes Demócratas (FIDESZ), en las elecciones generales del 11 de abril de 2010.

Este instituto político obtuvo 52% de los votos, y en consecuencia el control de las dos terceras partes del Parlamento –la llamada “supermayoría”–, por lo que el 18 de abril de 2011 aprobó una nueva Constitución. Para hacerlo no requirió del apoyo de ningún otro partido.

Esta carta magna entró en vigor el 1 de enero de este año, pese a los enérgicos pronunciamientos en contra que plantearon diversos organismos defensores de los derechos humanos de la Unión Europea (UE).

Hegyi enumera algunas de las disposiciones que introdujo el nuevo cuerpo constitucional: limitó las facultades de la Corte Constitucional para controlar el presupuesto federal y proteger los derechos humanos; abolió la comisión parlamentaria para la protección de los datos e instauró una nueva autoridad en la materia que forma parte del gobierno, y redujo de cuatro a uno el número de defensores de los derechos de los ciudadanos (ombudsman), sin que concluyeran sus mandatos.

Además, los legisladores de FIDESZ obtuvieron un poder insólito: pueden nominar y elegir a los jueces de la Corte Constitucional. También designaron a la presidenta de la nueva Oficina Nacional Judicial, quien es esposa de uno de los fundadores del partido. Sus decisiones sólo las conocen los integrantes del Consejo Nacional de Jueces, quienes, a su vez, perdieron la capacidad para controlar las acciones del gobierno.

Los cargos designados por la mayoría parlamentaria duran nueve años y sólo podrán ser remplazados si dos terceras partes del Parlamento eligen un sucesor. “Si en 2014 llega un nuevo gobierno, encontrará que la instituciones estratégicas se encuentran en manos de leales a FIDESZ”, apunta Hegyi.

Aunado a ello, la “supermayoría” de este partido en el Parlamento fue facultada para reducir de 300 a 32 el número de iglesias reconocidas por el Estado, bajo criterios arbitrarios y de evidente carácter político, asegura Hegyi. Por otra parte, advierte que la nueva constitución contiene referencias subjetivas sobre el concepto de familia que amenazan el derecho al aborto, la educación sexual laica y suprime la posibilidad de legalizar los matrimonios homosexuales.

Manipulaciones

La ley que regula a los medios de comunicación ha sido muy cuestionada. El gobierno de Orbán se caracteriza por mantener un férreo control de la información y por la saña con que golpea a la prensa que osa criticarlo.

Balázs Nagy Navarro es vicepresidente del Sindicato Independiente de Productores de Televisión y Cine (TFSZ). Hasta el pasado 27 de diciembre fue jefe de información internacional de Televisión Húngara (MTV), pero fue despedido injustificadamente junto con su colega Aranka Szavuly.

Desde el 10 de diciembre, Nagy mantiene un plantón frente al edificio de la televisora en una zona de oficinas alejada del centro de la capital. Él y otros periodistas protestan por la “manipulación informativa” que realiza el grupo estatal de medios para favorecer al gobierno. Exigen la destitución de los altos directivos por el siguiente episodio que ilustra el uso faccioso de esa entidad pública:

El 3 de diciembre pasado, los noticiarios de DUNA TV y MTV transmitieron una entrevista con el eurodiputado rumano Tökés László, quien protestó por la decisión del gobierno eslovaco de retirar la nacionalidad a sus ciudadanos que solicitaran un pasaporte húngaro.

Durante la transmisión, detrás de László, se apreciaba un rostro desvanecido digitalmente: era el expresidente de la Corte Suprema de Justicia, Zoltán Lomnici, quien participó en la entrevista como líder del Consejo por la Dignidad Humana, una organización civil. La televisora justificó el hecho con el argumento de que “se trató de un error técnico”.

Aunque el TFSZ solicitó al Consejo de medios que realizara una investigación a fondo, ésta no se efectuó. Sin embargo, fueron objeto de sanciones disciplinarias una reportera, el editor de noticias de DUNA TV y un editor de imagen. En diciembre último fue cesado el jefe de información del organismo rector de los medios públicos (MTVA), y en enero renunció el vocero de la misma institución.

Nagy comenta a este corresponsal que Lomnici fue eliminado de las pantallas por decisión directa de un directivo. Éste, agrega, era amigo de una mujer que contendería contra el dirigente por la presidencia de la organización civil mencionada. El Consejo de Medios se negó a investigar esos hechos.

“Hace tres días –narra el periodista– la reportera sancionada escribió una carta en la cual refiere que recibió instrucciones directas de sus jefes de hacer lo que fuera necesario para que no apareciera a cuadro la imagen de Lomnici, o de lo contrario la despedirían. Afirma que eso se lo dijeron en una junta de la redacción en la que estuvieron presentes 30 personas.”

Y añade: “En cuanto ganó la elección, Orbán cambió a los directores de todos los medios públicos y redistribuyó la publicidad gubernamental entre los medios de comunicación afines a su partido. Además, con la finalidad de obtener un mayor control de los medios, se encuentra en marcha una reorganización de la estructura sindical, que incluye la firma de nuevos contratos laborales”.

El sindicalista describe el sistema mediático impuesto por el régimen de Orbán:

“La agencia del Estado, MTI, es la única que puede proveer de información a los noticiarios de la televisión pública. Por otro lado, por supuestas razones de ahorro y mayor eficiencia, MTV y DUNA TV unieron sus redacciones de noticias. Entonces, si el gobierno quiere controlar la información le basta con producir una nota manipulada y todos los medios públicos se encargarán de repetirla, ya que no hay oportunidad de elaborar diferentes reportajes con visiones distintas.

Maniobras sucias

Annamária Szalai fue designada por Orbán como presidenta de la Autoridad Nacional de Medios e Infocomunicaciones, organismo de reciente creación; también dirige el Consejo de Medios. La nueva constitución le otorga un mandato de nueve años y sólo podrá ser relevada del cargo si la persona que la suceda obtiene la aceptación de tres cuartas partes del Congreso.

Existen cuatro empresas de medios que pertenecen al Estado: Televisión Húngara (MTV), DUNA TV, Radio Húngara (MR) y la agencia de noticias MTI. Oficialmente son servicios independientes que no están manejados por el gobierno.

“Sin embargo –explica Nagy– 90% del personal pertenece a la Fundación Pública para el Suministro de los Medios (MTVA), cuyo director general, Istvan Böröcz, vinculado a los medios de derecha, fue nombrado por los diputados del FIDESZ.

“Böröcz tiene el derecho de contratar y despedir gente en los medios públicos: Éramos 3 mil empleados, pero el año pasado, 25% del personal fue despedido en dos recortes masivos y no cesarán los despidos hasta abril”, apunta el sindicalista.

Además, Nagy refiere un caso paradigmático de la parcialidad con que actúa el conglomerado mediático estatal. Dániel Papp fue nombrado jefe de información por los directivos de MTVA. Este funcionario hizo carrera en medios de derecha cercanos a FIDESZ y trabajó en ECHO TV, un canal de extrema derecha cuyo propietario, el magnate Gábor Széles –también dueño del periódico Magyar Hírlap–, promovió activamente la llamada “Marcha por la paz de Hungría” en apoyo al gobierno de Orbán. La manifestación tuvo lugar el 21 de enero pasado en respuesta a las multitudinarias protestas contra las reformas constitucionales y el autoritarismo del régimen, que los medios públicos han minimizado.

Papp también trabajó en la oficina de comunicación del partido de ultraderecha Movimiento por una Mejor Hungría, o Jobbik. Sin embargo, él se volvió popular por una básica falta de ética periodística.

El 1 de abril de 2011, el eurodiputado verde Daniel Cohn-Bendit ofreció una conferencia de prensa. Este legislador es un feroz crítico de la ley de medios del gobierno de Orbán, a quien califica públicamente de “dictador”.

La televisión pública difundió una parte de esa conferencia en la que Papp le pregunta a Cohn-Bendit acerca de los señalamientos de pederastia que en el pasado se le hicieron. Por una edición trucada pareciera que Dani El Rojo se molesta y huye del lugar sin responderle al periodista. La maniobra sucia quedó al descubierto horas después, cuando el sitio húngaro de noticias en internet Index divulgó sin cortes tal entrevista.

“¿Cómo puedes designar jefe de una redacción periodística a alguien con convicciones tan marcadas?”, se pregunta Nagy, quien gracias a su protesta consiguió que el 15 de diciembre último Papp fuera relevado de sus funciones como jefe de información de MTVA, aunque continúa como editor.

Sequía publicitaria

Las instalaciones de la radiodifusora Klubrádió se encuentran al norte de Budapest. El inmueble, de un solo piso, es muy sencillo; el mobiliario es vetusto. La crisis por la que atraviesa se puede palpar.

Se presenta como la “única estación independiente que queda en Hungría”. Desde que llegó Orbán al poder esta pequeña emisora resiste a los embates del gobierno, que intenta liquidarla económicamente para acallar sus críticas.

El jefe de información de Klubrádió, Vicsek Ferenc, atiende al corresponsal en su oficina. Traza el perfil de la emisora que opera en la frecuencia 95.3 de frecuencia modulada y que cuenta con medio millón de radioescuchas:

“Transmitimos sobre todo noticias. Cada media hora ofrecemos breves reportes informativos y entrevistas, así como opiniones y reacciones de expertos, políticos y ciudadanos. Nuestra filosofía es muy clásica: ‘Las noticias son sagradas; las opiniones son libres’”.

En febrero de 2011 terminó la vigencia del permiso de operación de Klubrádió. Las autoridades se niegan a renovarlo y sólo le otorgan licencias temporales cada dos meses. “Ha sido un periodo muy crítico para nosotros desde el punto de vista económico”, dice Ferenc.

Hace un año, el Consejo de Medios –integrado por cuatro miembros designados por los diputados del FIDESZ– anunció la apertura de un concurso para adjudicar esa frecuencia.

Ferenc relata: “El proceso fue muy sucio. El consejo manejó varios criterios. En primer lugar quería programación musical. Nosotros dedicábamos 22% de música, mientras que la competencia ofrecía 60%. ¡Eso es demasiado! Nuestra última propuesta fue 40% de contenido musical. El consejo quería también un elevado porcentaje de noticias locales, que para nosotros no son relevantes”. Más aún: la autoridad exigió que sólo se difundieran cinco minutos de noticias cada hora.

Klubrádió ofreció 22 millones de florines (98 mil dólares) para adquirir la frecuencia, pero Autorádió, una empresa sin experiencia en el ramo, ofertó el doble. Klubrádió elevó su oferta a 55 millones de florines; Autorádió la incrementó a 75 millones.

“Ofrecer esa cantidad no es normal en el mercado publicitario de los medios, que está colapsado”, asegura Ferenc, y agrega: “Al final, lo que persigue el Consejo de Medios es acabar con nuestro modelo de radio”.

–En una conferencia en el Club de Periodistas de Bruselas usted mencionó que el gobierno cortó la publicidad oficial a Klubrádió –se le comenta.

–El segundo día de su gobierno, Orbán nos cerró todas las fuentes de dinero público. Por ejemplo, nos quitó los anuncios de la Lotería Nacional. El año pasado se levantó un censo en el país y Klubrádió fue el único medio en el que no lo anunció el gobierno. ¿Acaso nuestros radioescuchas no serán considerados en el censo? La publicidad oficial antes representaba una tercera parte de nuestro presupuesto. Teníamos mucha publicidad de los gobiernos locales. Todo eso se acabó.

La animadversión del régimen contra Klubrádió es tal que tampoco le ha sido repartido parte del presupuesto para promoción en medios que incluyen los programas de la Unión Europea que reciben las autoridades húngaras. “Eso es ilegal. Ese dinero es de la UE”, expresa Ferenc.

–¿Cuánto tiempo más resistirá así Klubrádió?

–No sé. Pero ya estamos cansados…

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