DEL ARCHIVO: Escándalo en Bélgica

Posted on 16 febrero, 2012

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DINANT, BÉLGICA.- La noche del pasado 14 de marzo, agentes de la policía belga arrestaron en su domicilio, al sur de este país, al padre de origen mexicano José Alfredo Medina Pozos.

(Artículo publicado en la edición del 8 de Abril de 2007 de la revista PROCESO)

La razón: una religiosa de 78 años lo acusó de haber abusado sexualmente de ella.

La denuncia fue presentada por la presunta víctima el pasado 28 de diciembre ante un tribunal de la población de Courtrai, de donde ella es originaria.

La anciana estuvo hospedada en la comunidad religiosa de Santa Ana, que estableció el padre Medina hace cinco años en una granja aislada de la localidad de Sinsin, en la parte de habla francesa de Bélgica.

Medina niega haber violado a la mujer. “Lo que dice es que le aplicó pomada en sus partes íntimas, con el consentimiento de ella”, declara en entrevista con Proceso Vincent Cambier, vocero del tribunal de la ciudad de Dinant, instancia que abrió un expediente judicial a cargo del juez de instrucción Olivier Bontyes.

Debido a la gravedad de las acusaciones y el entorno religioso en que se desarrollan, ese mismo tribunal dictó a Medina detención provisional durante un mes, por lo cual fue recluido en el penal de Dinant. El pasado 29 de marzo la Corte de Apelaciones de Liège ratificó el arresto.

Cambier asegura que existen “indicios de culpabilidad en el caso”. Sin embargo, se niega a revelarlos. Incluso protege el nombre de la religiosa que acusó al padre Medina, pues argumenta que el expediente se encuentra bajo “secreto de instrucción”.

El abogado del religioso, Thierry Delaey, señala al corresponsal: “Los indicios no son pruebas. Estos indicios de culpabilidad reposan sobre la sola afirmación de la persona que se queja del comportamiento del padre Medina”. Afirma que las serias acusaciones que pesan sobre su cliente son “formal y categóricamente contestables”.

De acuerdo con varios medios informativos, la policía investiga si otras tres monjas belgas –que se habrían trasladado a la región francesa de Bretaña un mes antes del arresto del padre Medina– sufrieron agresiones sexuales durante su estancia en la comunidad de Santa Ana. Cambier menciona que Bélgica pidió a la justicia francesa que localice a dos de ellas y las interrogue.

El vocero del tribunal confiesa: “Lo que nos llama la atención de este caso es que tuvo lugar dentro de un grupúsculo de católicos fundamentalistas (…) Aunque es muy pronto para que podamos decir si estamos frente a una secta, lo cierto es que se trata de una comunidad muy marginal (…) No sabemos tampoco cómo se financian, puesto que no reciben fondos públicos. Sabemos que el señor Medina, por ejemplo, no es quien paga la renta de la granja”.

Cuestionado acerca de este último aspecto, el abogado Delaey prefirió no hacer comentarios.

Integrista

El padre Medina, indica su abogado, vive en Bélgica desde 1992. Nació el 1 de mayo de 1962 en Guadalajara, Jalisco, pero cuenta con la nacionalidad belga, que obtuvo por naturalización.

Ello no ha evitado que el principal diario belga en francés, Le Soir, se haya referido a Medina en su titular del pasado 20 de marzo como “el padre mexicano gerontófilo”. Previamente, en su edición del 17 de marzo, lo llamó “el padre perverso”.

Medina pertenece a una corriente “integrista” que no acepta la “modernización” de la Iglesia católica que se planteó a partir de 1965 con el Concilio Vaticano II. Esta tendencia preserva la misa tradicional en latín. El fundador de este movimiento, monseñor Marcel-François Lefebvre, conocido como “el arzobispo rebelde”, fue excomulgado en junio de 1988 por el Papa Juan Pablo II, aunque los seguidores de este clérigo francés se han agrupado en torno a la Fraternidad de San Pío X, que es reconocida por el Vaticano. Medina, según consta en la averiguación judicial, fue ordenado como sacerdote directamente por Lefebvre.

Documentos oficiales consultados por Proceso señalan que la agrupación religiosa de Medina se dio de alta ante el gobierno belga como una asociación sin fines de lucro, con el nombre Casa Santa Ana y con el número de registro 261396. Su constitución fue publicada por el diario oficial local (Monitor Belga) el 15 de febrero de 1996. La dirección corresponde a Drogenbos, un área de la capital belga.

El 30 de octubre de 1997, las administradoras de la Casa de Santa Ana –Hilde Moreau, Geneviève Moreau y Kristien Bellemans– notificaron a las autoridades su cambio de domicilio a la región de Uccle, todavía dentro de Bruselas.

El 3 de marzo de 2000 anunciaron una nueva mudanza, esta vez a Hamois, una pequeña localidad cercana al sitio donde posteriormente se trasladó la agrupación. El 17 de septiembre de 2002 comunicaron su actual ubicación en Sinsin, una localidad agrícola a menos de una hora de Luxemburgo.

Sin embargo, en una carta fechada el 6 de enero de 2006 –cuya copia obra en poder de Proceso–, la citada Geneviève Moreau, en calidad de presidenta de la casa Santa Ana, notificó al Tribunal de Comercio de Dinant que, tras una asamblea general extraordinaria celebrada el 13 de diciembre de 2005, los integrantes de la casa pidieron su disolución legal como agrupación religiosa. No obstante, la comunidad sigue existiendo.

En sus estatutos, el grupo menciona entre sus objetivos la creación de un centro de enseñanza general destinado “a formar verdaderas madres de familia cristianas”. En uno de sus folletos publicitarios explica que la escuela podría recibir a niñas a partir de los seis años de edad y contaría con un internado. El precio de la pensión: 100 euros al mes, aunque el documento precisa que “las hermanas no piden nada por la escolaridad”, por lo que ésta puede ser gratuita si los padres no cuentan con recursos suficientes.

“Un alma salvada de la corrupción actual vale más que todas las pensiones”, proclama el folleto.

Aislamiento

El corresponsal visitó la granja donde supuestamente el padre Medina abusó de la religiosa. Para llegar ahí se requiere salir de la autopista, tomar una carretera nacional, luego desviarse sobre un camino regional apenas transitado y, finalmente, seguir la “calle”, apenas visible de Fourneau de Sinsin, que en realidad es un estrecho sendero asfaltado que se pierde tras una abundante arboleda.

A un kilómetro y medio de distancia, sobre un pequeño monte, se halla la aldea de Fourneau de Sinsin. Ahí no hay más de una decena de viviendas, la mayoría granjas o modestas explotaciones ganaderas, bastante separadas una de otra.

Un nicho con la figura de Santa Ana y varias jardineras adornan la entrada a la granja, marcada con el número cinco. Su principal inmueble –una vieja casona de piedra, de tres pisos– parece deshabitado: nadie responde al toque de la campana que sirve de timbre. Por una de las ventanas se puede observar la estatua de una virgen.

Dentro de la granja existe una capilla y varios cuartos que instaló el padre Medina para las monjas y los invitados que asisten a la misa dominical. Otra parte de la finca alberga un almacén para maquinaria agrícola. También un taller de carpintería. Afuera hay un Fiat color negro, propiedad de Medina.

Los vecinos se niegan a hablar, algunos incluso se ocultan. La cadena de televisión belga RTL difundió el pasado 17 de marzo la entrevista con un granjero, al que identificó como “cercano al cura”. El entrevistado por la emisora declaró que nunca había notado nada extraño en la conducta de Medina.

Sabine Henin, otra vecina de Fourneau de Sinsin, comenta al corresponsal: “Al principio pensamos que se trataba de una secta, que nos iban a tratar de adoctrinar. No pasó así: hacían sus misas los domingos, veíamos tres o cuatro automóviles de gente que venía a la misa, pero no nos molestaban. El trato cotidiano con el padre Medina era muy amable”.

No obstante, la policía ha recabado testimonios opuestos. Cambier, el portavoz del tribunal de Dinant, revela, sin dar mayores explicaciones, que “alguien próximo al padre” declaró haber notado un comportamiento “raro” en él. Asegura además que quien ha cuidado a la religiosa afectada afirma que ésta “razona perfectamente bien”.

Medina tendrá que comparecer ante la Cámara del Consejo de Dinant a más tardar el domingo 29 de abril.

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