Grecia: “Los políticos nos destruyeron la vida”

Posted on 11 diciembre, 2011

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Si bien la crisis económica había golpeado a Grecia desde 2009, al grado de que sus autoridades no han dejado de hablar de una “inminente bancarrota”, las drásticas medidas que tomará Atenas para conseguir euros detonaron como nunca antes la furia de los griegos. Miles de despedidos, de jubilados que podrían perder sus fondos de retiro y de jóvenes sin futuro desafían los golpes de la policía y le gritan a los diputados consignas ya legendarias: “¡Queremos pan, educación y libertad!”.

(Artículos publicados en la edición del 2 de julio de 2011 de la revista PROCESO)

ATENAS.- Durante 12 años Lambros Moustakis fue guía de turistas de un hotel. En mayo de 2010 lo despidieron; le dijeron que tenían que recortar personal por culpa de la crisis económica, que desde 2009 tiene a Grecia al borde de la bancarrota.

Lambros comenzó a recibir la ayuda que el gobierno da a los desempleados: 405 euros mensuales, casi 200 menos que el salario mínimo griego y apenas la cuarta parte de lo que ganaba. No le alcanzaba más que para la renta. Durante nueve meses buscó trabajo, pero lo rechazaron por su edad o apenas le ofrecían 300 euros al mes. De vez en cuando ayudaba a hacer mudanzas y se ganaba 20 euros al día.

Su situación empeoró hace un mes, cuando se venció su derecho al seguro de desempleo. A los 49 años se quedó sin ingresos. Comenta a Proceso: “Mi exesposa, que es maestra universitaria en Portugal, me ha ayudado a pagar la renta. Me dijo: ‘Fuiste un buen padre, ahora que lo necesitas es mi obligación apoyarte económicamente’. Fue muy duro aceptarlo, sentí vergüenza, pero tuve que hacerlo”.

Ya no se puede costear cada año, como antes, dos o tres viajes a Portugal para estar con sus dos hijas; desde que lo despidieron no las ve ni les envía dinero.

El pasado 25 de mayo, cuando se instaló el campamento de protesta ciudadana, el de los Indignados, en la plaza Syntagma frente al Parlamento griego, Lambros se inscribió como voluntario. Dice: “Nuestros políticos están jugando con la vida de 10 millones de griegos. Con casi 50 años ya estoy acabado aquí. Si me estoy manifestando es para que los jóvenes tengan un mejor futuro”.

Hartazgo

El 28 y 29 de junio, el Parlamento griego discutió y votó a favor de un severo paquete de austeridad para los próximos cinco años y el plan para aplicarlo.

Esa fue la condición que pusieron la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para que el gobierno de Georgios Papandreou accediera a 17 mil millones de dólares, quinto pago del fondo de rescate de 156 mil millones de dólares que el año pasado le fue concedido a Grecia. La aplicación del paquete significa el recorte de por lo menos 150 mil empleos, según los sindicatos locales.

Tales medidas colmaron la paciencia de los griegos.

El diario ateniense Kathimerini reportó el 25 de junio que 90% de los ciudadanos piensa que sus políticos son corruptos y citó como fuente un sondeo reciente de Transparencia Internacional.

El rotativo agregó que otra encuestadora, Public Opinion on the Issue, afirma que 7 de cada 10 griegos piensan que su situación económica se deteriorará en los próximos meses y 90% se declara “insatisfecho con el funcionamiento de su democracia”.

La noche del 27 de junio –víspera de la huelga general que paralizó a Grecia– el bullicio de las arengas políticas anima la plaza Syntagma. Los manifestantes conviven con turistas, con inmigrantes africanos que venden falsificaciones de artículos de lujo y con vendedores ambulantes de elotes y bocadillos. Los puestos de banderas griegas son un éxito.

Por todos lados hay mantas y banderolas con consignas políticas: “Ustedes trajeron la enfermedad, nosotros tenemos la solución: revolución”… “No al memorando”, en alusión al documento que reúne las medidas de austeridad dictadas a Grecia por la UE, el FMI y otras instituciones financieras acreedoras. O “Nosotros no tenemos deudas, no malbarataremos nada”, en referencia a las privatizaciones masivas que prevé el gobierno para conseguir dinero.

Hay gente que protesta pacíficamente frente al Parlamento, protegido por granaderos. A bordo de motocicletas, sindicalistas del Partido Comunista reparten propaganda. Por la mañana, unos 200 de ellos colgaron en la Acrópolis –uno de los principales sitios turísticos de Atenas– dos enormes mantas en inglés y griego: “El pueblo tiene el poder y nunca se rinde. Organiza el contraataque” y “Con gente de todo el mundo fortaleceremos nuestra lucha contra el capitalismo”.

Cierres masivos

El centro de Atenas refleja el rápido deterioro del país. Hace un año, un estudio de la Confederación Nacional de Comercio reveló que 15% de los negocios de la capital había quebrado; la cifra era de 20% en el centro de la ciudad.

El pasado 10 de marzo, el mismo organismo publicó otro reporte cuyo resultado es más preocupante: en Atenas una de cada cuatro tiendas había cerrado y la tendencia se acentuaba en su principal vía comercial, la calle Stadiou, donde quebró uno de cada tres negocios; 100 mil personas perdieron su trabajo. Este semanario comprobó que en esa vía y en las aledañas hay muchos locales comerciales cerrados. Manzanas completas, en algunos casos.

Por dignidad muchos griegos prefieren no contar sus dramas personales a la prensa.

Este corresponsal trató de hablar con la propietaria de una tienda de computación que se declaró en quiebra el año pasado. Sus clientes le dejaron de pagar y las deudas la ahogaron. Declinó contar su historia a Proceso. Ni siquiera quiso dar su nombre. Una amiga suya comentó que la mujer de 40 años cursó estudios universitarios, pero sólo pudo encontrar empleo levantando encuestas para un instituto de sondeos. Ahora es afanadora en un hotel.

Amablemente, Iakakos Parxskevas accede al diálogo. Con una decena más de mayores de 40 años se ocupa de un tenderete que instalaron frente al Parlamento el pasado 22 de mayo. Se hacen llamar los “300 griegos”, en referencia al episodio histórico en el que el mismo número de espartanos encabezados por Leónidas I defendieron el Desfiladero de las Termópilas contra cientos de miles de persas.

“Estamos aquí”, explica, “no sólo para protestar contra el plan de austeridad sino contra el sistema político y económico en su conjunto. Ese sistema ha devastado a Grecia. Hay que empezar todo de nuevo, partir de cero. La UE está acabada para nosotros. Por eso no nos vamos a mover de aquí. Para mí ya se volvió una lucha personal”.

Pero cuando se le pregunta sobre su caso particular, contesta que le es muy difícil hablar del tema. “Es muy doloroso. Los políticos nos destruyeron la vida, la familia”, señala Iakakos.

Sociedad deprimida

La Asociación de Psiquiatras de Grecia estima que con la crisis económica el número de consultas creció 30%. El servicio telefónico SOS Suicidios –administrado por la organización no gubernamental Klimaka– constató un incremento en las llamadas de 18% en 2009 en relación con 2007 y en 2010 fue de 36% respecto al mismo año de comparación. En mayo de 2008, el Instituto Universitario de Investigación en Salud Mental creó una línea semejante: SOS Depresión.

El 23 de junio, el periódico francés Le Monde publicó algunas de las llamadas a esas líneas, sin identificar a los demandantes de apoyo.

Un hombre de 68 años llama porque dice que no se siente bien. Tiene miedo al futuro y es un sentimiento que nunca había experimentado. El año que viene se jubilará, pero teme que la crisis se agrave y disminuya o pierda su fondo de retiro. Confiesa: “A veces estallo en cólera, aunque lo más frecuente que me ocurre es sentirme sin esperanza y totalmente desamparado. No tengo la misma energía que antes. Un amigo me dijo que tenía que solicitar ayuda. Él dice que estoy deprimido”.

Una mujer se comunica con el servicio para platicar que su hijo de 26 años y con un título universitario bajo el brazo, no encuentra empleo. Está inquieta por él: el muchacho le ha dicho que se considera un fracasado, no quiere convivir con nadie y prácticamente no sale de la casa. Su madre lo trata de animar: le comenta que muchos jóvenes confrontan la misma situación debido a la crisis económica, pero él no mejora y ella ya no sabe qué hacer.

En julio de 2010, la revista alemana Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology publicó el estudio Depresión y angustia en Grecia. Ahí se afirma que el número de personas que padecen episodios depresivos mayores con tendencias suicidas aumentó, de 2008 a 2009, de 35% a casi 50% entre personas con dificultades económicas. Asimismo la tasa de suicidios por cada 100 mil habitantes pasó de 2.4%, la menor de Europa, a 5.2% en el mismo periodo.

El director de SOS Suicidios, Aris Violatzis, relató a Le Monde que una vez él mismo atendió la llamada telefónica de una mujer de 40 años que amenazaba con lanzarse desde un quinto piso a causa de su mala situación económica. Habló con ella durante horas, el tiempo suficiente para que un equipo de urgencias la pudiera rescatar.

Disturbios

El primer día de huelga general, el 28 de junio, la plaza Syntagma está abarrotada de manifestantes. Al mediodía ahí confluyeron las marchas de la Unión de Funcionarios y de la Confederación General de Trabajadores de Grecia (del sector privado). Hacia las dos de la tarde empezaron los enfrentamientos entre jóvenes manifestantes y policías frente al Parlamento y al otro lado de la plaza, ante el Ministerio de Finanzas.

Miles de muchachas y de hombres y mujeres adultos permanecen en las bocacalles de la plaza desde donde abuchean e insultan a los granaderos; y gritan en coro: “Psomi, paideia, eleftheria” (pan, educación, libertad), consigna que data de la oposición a la dictadura de Georgios Papadopoulus, derrocado en noviembre de 1973.

El gas lacrimógeno irrita los ojos y la garganta; se escucha el ruido seco de las detonaciones y se dispersa en la zona un olor a quemado, producto del incendio de varios contenedores de basura. La sociedad griega parece estar acostumbrada a las protestas con violencia; para un observador extranjero hay escenas y conductas extraordinarias.

Todos los manifestantes, no sólo los jóvenes, vienen con tapabocas o máscaras antigás; parecen asumir que de seguro habrá problemas. Muchos se embarran una especie de pintura blanca en la cara: es un medicamento para el malestar estomacal, que puede proteger del gas a los ojos. Los negocios circundantes a la plaza bajan sus cortinas, pero otros, en las calles aledañas, siguen abiertos. En esas vías, en medio de los disturbios hay personas que toman café en las terrazas de los bares.

Un vendedor de periódicos, cuyo puesto está en el epicentro del conflicto, se ajusta una máscara antigás y estoicamente continúa trabajando. No sólo vende diarios y revistas, también ofrece refrescos y recuerdos turísticos.

A unos metros una mujer arrima su carrito de elotes a la entrada de un edificio y se sienta a fumar un cigarro.

Los turistas toman fotos.

–¡Es una experiencia muy emocionante! –dice una joven extranjera a este semanario.

En la zona de los disturbios hay quienes venden a manifestantes y turistas tapabocas, goggles y botellas de agua para contrarrestar los efectos del lacrimógeno.

Los disturbios duraron toda la tarde del 28 de junio.

El día siguiente fue diferente: los choques fueron más violentos y se extendieron a las calles del centro, donde miles de manifestantes siguen protestando.

Después de la aprobación del paquete de austeridad, pasadas las seis de la tarde, las autoridades griegas decidieron romper violentamente la concentración ciudadana en la plaza Syntagma y las calles vecinas. Comandos de la policía motorizada, amenazantes, se internaron en esas vías. En unidades de 20 efectivos se lanzaron a alta velocidad contra la muchedumbre, que emprendió la huida y se dispersó.

La policía desalojó las calles. Pero las hostilidades siguieron toda la noche en la plaza Syntagma, donde parece que ya quedaron aislados los jóvenes más radicales.

En un comunicado emitido por la noche del pasado 29 de junio, la organización Amnistía Internacional denunció que la policía reprimió brutalmente a los manifestantes y utilizó de manera excesiva productos químicos en su contra. Estimó en 500 los heridos, la gran mayoría eran personas que habían participado en las protestas.

UN PAIS EN VENTA

ATENAS.- “Europa nos ha dado un voto de confianza. Ha invertido su dinero sólo con una condición: que nosotros, los griegos, creamos en el futuro de Grecia. Por eso nosotros también tenemos que votar con confianza hoy. Las medidas de austeridad no son un fin sino la mitad del camino hacia un mejor porvenir.”

Así lo dijo el primer ministro griego, Georgios Papandreou, momentos antes de que los diputados decidieran si el país aplicará nuevas y más severas medidas de austeridad contenidas en el llamado Programa de Estrategia Fiscal a Mediano Plazo.

Antes Papandreou había dicho a los diputados que consideraran las consecuencias de no aprobar tales medidas: no habría servicios hospitalarios, el Estado no podría pagarle a sus funcionarios… en suma, advirtió, no habría esperanza: el país estaría en bancarrota.

A las 13:48 horas del 29 de junio comenzó la votación en el Parlamento. Luego de 20 minutos 155 diputados del Partido Socialista de Grecia, al que pertenece Papandreou, aprobaron el paquete de austeridad que estará en vigor los próximos cinco años. Los 138 diputados de Nueva Democracia, el principal partido de oposición, votaron en contra.

Pero fue la administración de Nueva Democracia –que gobernó de 2004 a 2009– la que ocultó los datos reales del déficit griego, que no era de 6% como informó a la UE en su momento –lo que ya era el doble de lo que permite el pacto de estabilidad regional– sino de 13.6%, uno de los más altos del mundo respecto al Producto Interno Bruto (PIB).

En Grecia la disciplina partidista es férrea: un voto rebelde es muy mal visto. Aun así, dos diputados de la oposición votaron a favor del plan de austeridad y un solo socialista, Panagiotis Kouroumplis, dijo “no”.

Dos horas después de la votación el portugués José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, y el belga Herman Van Rompuy, cabeza del Consejo de la Unión Europea (UE) que representa a los 27 gobiernos asociados, emitieron una declaración conjunta:

“Con la aprobación de hoy en el Parlamento griego del programa económico revisado, el país ha dado un importante paso adelante en el necesario camino de la consolidación fiscal y las reformas estructurales de crecimiento. Pero también ha dado un crucial paso atrás al grave escenario de la insolvencia. Fue un voto de responsabilidad nacional.”

No importaron el categórico rechazo de la ciudadanía y las violentas muestras de descontento popular a las puertas del Parlamento. Por primera vez en 37 años de democracia griega se convocó a una huelga general de dos días seguidos que prácticamente paralizó Atenas.

Las medidas que adoptó el gobierno son extremas y prevén aumentos de impuestos, recortes al gasto público y privatizaciones masivas.

Entre las nuevas disposiciones: los trabajadores independientes pagarán 300 euros más en impuestos anuales; se combatirá agresivamente la evasión fiscal; el IVA en bares y restaurantes subirá de 13 a 23%; será despedido uno de cada cuatro empleados del sector público; los salarios de los que permanezcan, que ya habían bajado 12%, se reducirán más y sólo uno de cada 10 funcionarios que se retiren será reemplazado. Estas medidas representan ahorros por 14 mil 100 millones de euros.

En los cinco años que cubre el paquete, el gobierno recortará 2 mil 100 millones de euros en el presupuesto de salud, 4 mil millones en prestaciones sociales, mil 200 más en gasto militar, 855 en escuelas, hospitales y cuarteles de policía y 500 en inversión pública… los ahorros ascienden en ese rubro 14 mil 300 millones de euros.

Esta última cifra, sin embargo, representa apenas 4% del total de la deuda griega, que alcanza el monto de 350 mil millones de euros.

Al mejor postor

Las privatizaciones pondrán a Grecia en barata. Este año el gobierno venderá la empresa postal (Postbank), la de distribución de agua de la ciudad de Salónica –la segunda más grande del país–, la agencia de apuestas y lotería (OPAP) y los puertos de Pireo y Salónica. Todo por 5 mil millones de euros.

Entre 2012 y 2015, el gobierno espera recaudar otros 45 mil millones de euros con la venta parcial o total de otras empresas estatales como refinerías, generadoras de energía eléctrica y el banco agrícola Atebank, así como la gestión de puertos, aeropuertos, carreteras y derechos para explotar minas. También liquidará terrenos e inmuebles.

A cambio el gobierno de Papandreou hace promesas que a sus ciudadanos les cuesta trabajo tomar en serio: prevé que el PIB, que se contrajo 3.5% este año, crecerá 2.7% en 2015; el déficit, de 7.4% este año, disminuirá a 1.1% en el mismo horizonte y la inflación pasará de 4.9% a 0.9% en el mismo periodo.

Tras la aprobación del paquete en el Parlamento, Grecia podrá contar con casi 12 mil millones de euros (17 mil millones de dólares) –parte del rescate de 156 mil millones de dólares autorizado el año pasado– con los que pagará deudas que vencen el próximo lunes 18.

Sin embargo, ese préstamo no fue suficiente para detener la caída y este domingo 3 el Eurogrupo –integrado por los 17 ministros de Finanzas y Economía de los países que usan el euro– preparará un segundo paquete de salvamento que evite la quiebra definitiva de Grecia y, probablemente, la de otros países vulnerables de la zona euro, como Portugal, Irlanda o España.

Una caricatura que aparece en la edición del pasado 28 de junio del diario griego Kathimerini ilustra la difícil posición en que se encuentra la sociedad griega: una mano apunta con una pistola a la cabeza de un hombre y se le pregunta: “¿Plan de austeridad o bancarrota?”. Con rostro resignado el hombre simplemente contesta: “Ya dispara”.

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