Rumbo al desastre

Posted on 28 noviembre, 2011

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Numerosos estudios científicos alertan sobre las consecuencias catastróficas que traerá consigo la elevación del nivel del mar por el calentamiento global. Una pequeña nación polinesia, Tuvalu, está desesperada: si las cosas no cambian desaparecerá antes de 40 años. Pero no es la única zona en riesgo: grandes áreas costeras o países enteros podrían estar bajo el agua dentro de un siglo… Aun así la comunidad internacional se resiste a reconocer una figura que pronto se hará habitual: la del “refugiado climático”.

(Artículo publicado en la edición del 27 de Noviembre de 2010 de la revista PROCESO)

BRUSELAS.- Si China, India, Rusia o Estados Unidos, los países que más contaminan, no reducen drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, los causantes del calentamiento global y de la elevación del nivel del mar), en 40 años el Estado insular de Tuvalu podría quedar bajo el agua.

“La situación es muy grave”, dice a Proceso el cónsul honorario de Tuvalu en Bélgica, el alemán Karl Koch, quien afirma que no ve cómo puedan revertirse las tendencias más catastróficas.

Tuvalu es uno de los 39 integrantes de la Alianza de Pequeños Estados Insulares, organización creada en 1990 por las islas más expuestas a los efectos del calentamiento global. En conjunto esas naciones producen sólo 0.3% de las emisiones de GEI que amenazan su existencia.

Más de 2 mil habitantes de Tuvalu han migrado recientemente, entre ellos su exprimer ministro Koloa Talake. Ahora viven en Auckland, Nueva Zelanda, y hay proyectos oficiales para reubicar en esta nación, en Fiji o en Australia a la población tuvaluana restante: 11 mil 636 personas según el censo de 2005, el más reciente.

En entrevista con Radio Australia News el pasado 6 de octubre, el primer ministro de Tuvalu, Maatia Toafa, insistió en que desplazar a su pueblo a países vecinos “es una opción disponible” pero que llevaría a la destrucción de la identidad nacional.

Esa tendencia se confirma en el estudio Impactos regionales: evaluación de la vulnerabilidad, elaborado por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (PIECC), donde se advierte que “en casos extremos podrían considerarse como posibilidades las migraciones y los reasentamientos fuera de las fronteras nacionales”.

De acuerdo con el informe, Tuvalu es uno de los “pequeños territorios insulares” que por su frágil configuración y situación geográfica es “especialmente vulnerable” a las variaciones del clima. Localizado entre Hawaii y Australia, Tuvalu está formado por seis atolones y tres islas de arrecifes con una superficie de 25.63 kilómetros cuadrados.

Koch comenta a Proceso que el presupuesto de esa nación polinesia no es suficiente para levantar estructuras que la resguarden de los efectos del cambio climático: su Producto Interno Bruto es de unos 15 millones de dólares anuales.

Otras costas

 En un reporte dado a conocer el 3 de septiembre de 2008, la Comisión Delta, del gobierno de Holanda, concluyó que este país –con una economía próspera– necesita invertir durante todo este siglo 2 mil 100 millones de dólares al año para modernizar su sistema de diques: 70% del territorio holandés está bajo el nivel del mar.

Hay otras naciones insulares que se hallan en peligro de desaparecer o de perder territorio por el calentamiento global: las Bahamas, Kiribati, las islas Maldivas o las Marshall, que apenas tienen cuatro metros sobre el nivel del mar, de acuerdo con el reporte del PIECC.

Una elevación del mar de sólo un metro, se asegura en el informe, acarrearía la inundación de 80% de Majuro, la capital de las Islas Marshall, ciudad en la que residen 25 mil personas y donde están el aeropuerto, la universidad y la infraestructura portuaria y turística indispensable para la sobrevivencia económica de esa república.

El cuarto informe de evaluación del PIECC –el trabajo más reciente de ese grupo y presentado en abril de 2007– mantiene el tono de máxima urgencia: las playas isleñas se erosionarán; sus corales morirán, despojándolas de un muro de contención; la riqueza pesquera y sus destinos turísticos caerán; la de por sí precaria economía local se hundirá…

Las infraestructuras, los asentamientos y las instalaciones que sostienen los medios de subsistencia de las comunidades isleñas sucumbirán frente a la subida del mar, pronostica el reporte.

Además, el PIECC prevé que para mediados de este siglo el cambio climático habrá facilitado a tal grado la filtración de sal en los mantos freáticos que disminuirá la disponibilidad de agua potable en las pequeñas islas del Caribe y del Pacífico. La escasez del líquido en esos lugares será tal que hará imposible satisfacer la demanda humana en épocas de baja precipitación.

Proyecciones

Durante la Conferencia sobre Cambio Climático de Copenhague –celebrada en diciembre del año pasado por los países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático–, la delegación de Tuvalu reclamó enérgicamente que se estableciera la meta global de no llegar a un calentamiento de más de 1.5 grados centígrados. Pero el Acuerdo de Copenhague, que es voluntario, estableció como objetivo no llegar a los 2 grados.

En su última evaluación el PIECC precisa que cabría la esperanza de que la temperatura no aumente más de 2 grados sólo a condición de que en los próximos 10 años las potencias industriales reduzcan de 25% a 40% sus emisiones de GEI –sobre todo bióxido de carbono– en relación con las cantidades que emitían en 1990. En 2050 esas reducciones tendrían que ser de 80% a 95%.

No obstante, los países más contaminantes no se han querido comprometer con tales niveles de reducción ni parecen planteárselo seriamente; algunos, como Estados Unidos, se niegan a participar en un acuerdo vinculante.

El informe del PIECC presenta una dramática visión de las consecuencias que en el transcurso de este siglo provocará esa inacción internacional en todo el mundo.

Prevé que en las zonas más áridas disminuirá aún más la disponibilidad de agua (entre 10% y 30% menos) y lo mismo sucederá en las regiones que se abastecen de las reservas hídricas montañosas. Se estima que dentro de cuatro décadas sólo en Asia el número de personas sin acceso al líquido crecerá en mil millones.

Según las proyecciones del PIECC, un calentamiento planetario mayor a 1.5 grados centígrados dejaría al borde de la extinción hasta 30% de las especies de plantas y animales del planeta; ese porcentaje será del doble en 2080 en algunas zonas montañosas europeas, en caso de que aumenten las emisiones de GEI.

El reporte añade que un aumento de 1 grado centígrado puede reducir el rendimiento de los cultivos en las regiones tropicales bajas, con lo que crece el riesgo de hambrunas. En el centro y sur de Asia los cultivos caerían 30% y en algunas naciones africanas hasta 50%, pero también eso ocurrirá en Australia y en países ricos de Europa occidental.

El documento precisa que en 2080 se espera un notable crecimiento del nivel del mar. Prevé “muchos millones” de damnificados cada año a causa de las inundaciones que afectarán severamente áreas densamente pobladas, como las adyacentes a los grandes deltas de Europa, África y Asia.

El mismo reporte puntualiza que tales alteraciones climatológicas repercutirán en un aumento de los índices de malnutrición –sobre todo infantil–, muertes, enfermedades y lesiones a raíz de las olas de calor, inundaciones, tormentas, incendios y sequías.

Agrega que se dispararán las enfermedades diarreicas y la frecuencia de los padecimientos cardiovasculares –por las mayores concentraciones de ozono–, en tanto que algunos males infecciosos se extenderán a zonas donde hasta ahora no existían.

Latinoamérica

Los efectos serán semejantes en América Latina: pérdida “significativa” de biodiversidad en las zonas tropicales, salinización y desertificación de la tierra de siembra, baja productividad agrícola y ganadera, aumento del riesgo de inundaciones…

El reporte del PIECC suma un agravante: la efectividad de los esfuerzos de adaptación en esa región “se ve superada por la falta de información básica y de sistemas de observación y supervisión, además de que presenta una capacidad de construcción y marcos políticos, institucionales y tecnológicos inapropiados, así como ingresos bajos y asentamientos humanos en zonas vulnerables”.

Entre 2000 y 2008 el costo anual de los desastres naturales en el continente fue de 8 mil 600 millones de dólares; para 2100 llegará a 250 mil millones de dólares, según el informe La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe, difundido por la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) el 17 de diciembre de 2009.

En diversos estudios el Instituto Nacional de Ecología (INE) pronostica que en México se reducirán un tercio los cultivos de maíz y que la mitad de la vegetación sufrirá modificaciones que implicarán una “grave pérdida de biodiversidad”.

El INE afirma que las zonas costeras de “mayor vulnerabilidad” –que podrían inundarse hasta 50 kilómetros tierra adentro– están en Tamaulipas (Laguna Madre y delta del río Bravo), Veracruz (laguna de Alvarado y río Papaloapan), Tabasco (el complejo de ríos Grijalva-Mezcalapa-Usumacinta), Yucatán (los Petenes) y Quintana Roo (bahía de Sian Ka’an y Chetumal).

Explica que la mayoría de las costas del Golfo de México y del Caribe mexicano son bajas: están a menos de un metro sobre el nivel del mar.

Además, el INE estima que 70% del territorio mexicano es “altamente” o “muy altamente vulnerable” a las sequías que provocará el calentamiento global y que los estados más afectados serán Sinaloa, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Campeche, Chiapas y Quintana Roo.

Escenarios pesimistas

En la evaluación de 2007 del PIECC hay un aspecto preocupante: “Es muy probable –asegura– que la absorción neta de carbono por los ecosistemas terrestres alcance su máxima capacidad antes de mediados de este siglo y luego se debilite e incluso se invierta”. La consecuencia es que se recrudecerán los efectos del cambio climático.

Proyecciones recientes reproducen los escenarios más pesimistas. En su edición del 17 de diciembre de 2009, la revista científica Nature publicó una investigación de la Universidad de Princeton que concluye que un calentamiento adicional de 2 grados centígrados elevaría el nivel del mar entre seis y nueve metros.

Lo anterior –alerta el estudio– provocará “la inundación de las áreas costeras más bajas, donde ahora residen millones de personas”.

Añade que a menos de que se tomen disposiciones de protección “sin precedente”, quedará sumergida la parte sur de los estados de Luisiana y Florida, así como las localidades ubicadas a lo largo de la costa oriental de Estados Unidos. Bangladesh y Holanda, afirma esa investigación, prácticamente desaparecerán.

Otro caso: a partir de modelos matemáticos, la organización científica Climate Interactive elabora un “marcador climático” que indica cuántos grados centígrados más se podría calentar el planeta para 2100, tomando como base los compromisos y propuestas de algunos países sobre reducción de emisiones de los gases responsables del calentamiento planetario.

Esa organización estadunidense elaboró su último pronóstico el 31 de agosto pasado con un resultado impresionante: fijó una elevación de la temperatura planetaria de 4 grados centígrados en 2100, considerando en el mejor de los casos que los gobiernos reduzcan efectivamente las emisiones que hasta este momento prometieron. De no ser así, el incremento alcanzaría 4.8 grados centígrados.

Según la PIECC, una elevación de tal magnitud acarrearía una pérdida de 5% a 10% del PIB mundial, lo que se traduciría en una hecatombe económica para los países en desarrollo y en el desplazamiento de naciones completas sacudidas por la vorágine climática. Hasta ahora los países que podrían alojar a tales poblaciones rechazan aceptar una nueva figura de derecho internacional: la del “refugiado climático”.

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